sábado, 10 de mayo de 2014

6. Familias perfectas.

SARAH
Estaba deprimida. Al final no habían querido publicar mis fotos urbanas. Como dije que iba a empezar Bachillerato, pensaron que tenía dieciséis años, pero no era así. Al enterarse de mi verdadera edad me dijeron algo como: Está muy bien que seas tan lista, enhorabuena, pero no podemos publicar tu colección.

Saqué todos mis álbumes de fotografía. Cada uno era una colección y me encantaba verlos.
Primero, saqué un álbum color rosa palo. Tenía una etiqueta que decía Mis amigas y yo, estaba repleto de fotos mías con mis amigas. Claro que casi todas de ellas o ya no eran mis amigas, o se habían mudado, o simplemente se habían quedado en Oregón. Además, tampoco era tan amiga de estas últimas. Después, saqué uno verde clarito en el que tenía fotos con la familia y entonces, vi uno que hacía mucho que no usaba. Era de azul cielo y no tenía título. Tan solo tenía una A mayúscula en la esquina inferior derecha. Lo abrí y empezó a pasar las páginas. Estaba lleno de fotos de Adrien. Solo en las fotos podía tocarlo. La mayoría eran fotos de la clase entera o recortes de revistas del equipo de lacrosse (él era el capitán). Incluso fotos del anuario. Tenía de todo. En parte me sentía como una psicópata. Pero como me encantaba la fotografía, era más bien la forma más bonita de tener algo suyo. Lo único malo, era que en sus fotos, no podía sentirlo.

CRISTINA
Me desperté bastante tarde. Cerré mi diario (que estaba tirado en la cama) y salí de la cama. Me miré al espejo y me peiné. Salí un rato a dar una vuelta por la playa, sola. Ya estaba acostumbrada a estar sola, aunque siempre podía contar con Maia y los demás. Estar sola es bueno, no estar siempre, pero de vez en cuando. No sé por qué la gente piensa que es malo... La costa brava tenía algo malo: las piedrecitas. Tantos años caminando por esa arena y las pequeñas piedrecitas todavía me molestaban.

Volví a casa justo a la hora de comer. Y de nuevo, noté en falta a mi hermana, Blanca. Ella solía cocinar, y cada vez que cocinaba mi madre, se notaba que no era lo mismo. Me senté a la mesa y probé un sorbo de la sopa. Di unas vueltas con la cuchara y no pude callármelo:
-La sopa de Blanca nunca era sosa.
Mis padres soltaron de golpe las cucharas y me miraron. Mi padre miró el plato y mi madre, intentó decir algo, pero en lugar de hacerlo cogió la cuchara y siguió comiendo.
-Come - dijo mi padre antes de imitar a mi madre.
Asentí aunque no me estaba mirando y lo hice.


SARAH
Cuando terminé de ver todos mis álbumes, fui a la biblioteca (la que tengo en casa) y rebusqué entre los libros. Al final, me decanté por una novela grecolatina y justo cuando iba a sacarlo de la estantería, algo se rompió abajo. Empujé el libro para que volviese a su posición inicial, salí de la biblioteca y corrí escaleras abajo.

-¡¿Qué ha pasado?! - grité nada más llegar abajo.
Volví a escuchar lo mismo: parecía un plato. Atravesé la planta baja para llegar hasta la cocina y encontré a todas las sirvientas en línea mirando hacia el suelo.
-¿Qué está pasando, María? - pregunté a una de ellas.
No respondió. Tan solo se encogió de hombros. Estaban realmente preocupadas. Otro plato se rompió. Doblé la esquina y encontré a mi madre, en la otra punta de la cocina lanzando la vajilla contra el suelo.
-¡Mamá! - grité.
No me hizo caso y sacó otro plato del mueble.
-¡Mamá, para! - grité de nuevo acercándome hacia ella.
Me estaba ignorando completamente, ¿qué había pasado?
Mi madre tiró otro plato y me lancé para abrazarla por la espalda.
-Mom, stop! What the hell are you doing? What's going on?
¡Para, mamá! ¿Qué narices estás haciendo? ¿Qué ha pasado?
Empezó a llorar y se cayó al suelo conmigo abrazándola. No sabía qué estaba pasando, pero tenía que ser algo importante. Muy importante.

Llamé a María para que le hiciera un té.

CRISTINA
Después de comer, decidí volver ha salir. Mis padres no dejaban de mirarme cada dos por tres y me incomodaba. Intenté quedar con todos pero al final, todos me fallaron, menos Cristian.

-¡Hola! - grité cuando lo vi aparecer.
-Hola, perdona es que... Da igual - dijo jadeando.
-Gracias por venir - dije.
-¿Ha pasado algo? - preguntó centrándose en mí.
-¿Tiene que haber pasado algo para que quiera quedar contigo?
-No has respondido a mi pregunta - dijo.
-Ni tú a la mía - dije sonriendo.
Me miró sonriendo y después pensó una respuesta que no sonara... extraña.
-A ver, te iba ha decir que a tí siempre te pasa algo, pero, para que no me mates aquí mismo, diré que no.
Reí.
-Te toca - dijo.
-Veamos, sí que a pasado algo - empecé.
-Lo sabía - dijo riendo.
-Ha sido... por Blanca... - dije.
En ese momento, su cara de felicidad se transformó en una de tristeza. Me miró y me rodeó con sus brazos. Me incliné hacia él y él me besó en la sien.
-Lo siento. Mucho - dijo.
-Ya, bueno... Yo también siento que mi familia se haya vuelto loca - dije incorporándome de nuevo.
-Tu familia no está loca - dijo.
-Mi madre... bueno, mi padre... Mejor dicho, mis padres... no me aguantan.
-Venga ya. Todos los padres quieren a sus hijos. Un hijo podría hacer cualquier cosa y sus padres seguirían queriéndolo aunque se avergonzaran de él.
-Bien, rectifico: mis padres se avergüenzan de mí.
-Y... ¿se puede saber por qué, señorita? - dijo tratando de animarme.
-Porque no entienden que ellos no conocían a Blanca. Que la hecho de menos. Que era una persona difícil... De hecho, no estoy segura de si yo la conocía.

SARAH
Mi madre acabó en el hospital. Le dio un ataque de ansiedad unos minutos después de haberse relajado con el té. Mi padre todavía no sabía nada. Podría haberlo llamado, ¿pero qué iba ha decirle? "Papá, mamá está en el hospital porque ha tenido un ataque de ansiedad. Cuando sepamos por qué y tal te llamo...". Ni si quiera sabíamos lo que había pasado.

La enfermera salió a la sala de espera y nos dijo que podíamos irnos, que estaba bien. María se quedó y yo, agobiada, decidí salir aunque quería apoyar a mi madre. "Lo siento", dije mirando a la puerta, "pero no soporto los hospitales".

Fui a la playa. Total, casi nunca me daba por ir. Me senté en la arena a mirar al horizonte y a rezar en mi madre. ¿Qué había podido pasar?

CRISTINA
Me despedí de Cristian al poco rato. Tenía que irse a casa por no sé qué. Me quedé mirando el horizonte para pensar en Blanca.

Blanca...

Jamás volvería. Y lo peor era que, con ella, se había llevado la felicidad de la casa. "Empiezan los tiempos oscuros", pensé.

SARAH
Entonces, me sonó el móvil. La canción "Dark Horse" de Katy Perry empezó a sonar en la calma de la playa y una chica, que estaba cerca, se me quedó mirando.

>>O era fan de Katy, o estaba molestándola.

CRISTINA
"Tiene gracia", pensé cuando el móvil le sonó a una chica que estaba a unos pasos de mí, "justo estaba pensando en dark times".


Continuará...






domingo, 27 de abril de 2014

5. Carla

Querida Anita,
Llevo ya tres días aquí, en Barcelona. Todavía no he salido, me da mucho miedo. Me da miedo que todo pueda volver a pasar... No quiero conocer gente por lo que pueda pasar pero, queda tan poco para que empiecen las clases...
Supongo que estarás en Portugal, haciendo de las tuyas. Por favor, escríbeme pronto y cuéntame todo. Necesito una amiga. 
Te quiero, 
                 Carli.

Carla metió la carta en el sobre y bajó al salón. Sus padres estaban (todavía) organizando cosas así que no se dieron cuenta de que estaba allí. Buscó por los cajones (que estaban completamente vacíos) en busca de un sello. Pero nada.
-Mamá.
No le escuchó.
-¡Mamá!
-Perdona hija, ¿decías...?
-¿Dónde están los sellos?
-No tenemos.
-¿Qué? ¡Pero necesito uno para mandarle esto - dijo levantando el sobre - a Anita!
-Pues o vas tú a comprarlos, o tendrás que esperar a que alguno de nosotros vaya.
Ni siquiera se planteó la idea. Subió a su habitación y tiró el sobre a la papelera (todavía vacía) que había debajo de su escritorio.

Puso la radio, y al segundo, escuchó cómo su madre subía las escaleras. Entró en su habitación y dijo:
-Si vas a hacer el vago, ¿qué tal si nos ayudas?
Carla puso los ojos en blanco. Sacó el sobre de la papelera (que de nuevo estaba vacía), cogió su bolso y dijo:
-Pensándolo mejor, voy a comprar sellos - dijo apagando la radio.
Bajó las escaleras, cogió un mapa y salió a la calle.

Pasaron dos horas y al fin encontró una papelería. Se había equivocado al mirar el plano así que había dado una vuelta tonta. Había vuelto por su casa y unas calles más abajo había encontrado la papelería. Entró y parecía no haber nadie.
-¿Hola? - preguntó al cerrar la puerta.
Se acercó al mostrador y esperó un rato.
A los minutos, salió un chico alto, de pelo moreno y ojos grises.
-¿Qué quieres? - preguntó.
Se quedó mirándolo unos instantes.
-No tengo todo el día - le dijo.
-Sí, eh... perdona. Es que... bueno, qué más da- dijo para excusarse. Él la miró raro y al fin ella consiguió pedirle los sellos. El chico se alejó unos minutos y volvió con una caja.
-¿Cuántos? - preguntó.
-Uhm... nosé. ¿Diez? - dijo.
-Pues no lo sé. Tú eres la que quiere comprarlos.
Estaba muy nerviosa así que  al final dijo:
-Mejor cinco.
-Cinco pues.
Sacó cinco y los metió en una bolsita muy pequeña junto con un ticket.
-Dos cincuenta.
-¿Qué? - dijo Carla.
-Que son dos cincuenta.
.¿Qué...? ¡Ah, vale, sí, sí! Espera un segundo - dijo buscando el monedero.
-Uno. ¿Me das ya mis dos euros cincuenta?
-Sí, sí. Ten - dijo dejando las monedas sobre su mano.
-Gracias.
-A ti  - dijo Carla un poco molesta por lo que acababa de pasar.

"Qué borde", pensó. Subió unas cuantas calles algo perdida y al fin vio la tienda de la esquina que marcaba la calle en la que estaba su casa. Entró y subió a su habitación.
-Carla, deja los sellos en este cajón - dijo su madre desde el piso de abajo.
-No, los he pagado yo, son míos - dijo ella desde su habitación.
Se sentó en su escritorio y preparó el sello con direcciones y sello incluido. Lo dejó en una esquina para mandarlo al día siguiente y se peinó el pelo. Cogió un coletero y se hizo una coleta alta. Después se hizo un moño. Y para darle su toque personal de "creadora de peinados", se puso unos palillos de colores verdes que hacían que pareciese un peinado oriental.

No tenía nada que hacer así que se puso a leer.

Continuará...


viernes, 25 de abril de 2014

4. Anna

-No, te digo que es una mierda.
[...]
.¿Qué dices?
[...]
-¿¡Yo?! ¡Yo no pienso perdirle perdón!
[...]
-Así que estás de su parte...
[...]
-Pues hazme un favor, y borra mi número.
Click.
Anna colgó el móvil y lo lanzó contra la pared. Dio una vuelta, peinó su pelo con los dedos de delante a atrás y después miró el móvil descalabrado y roto en el suelo de su habitación. "Mierda", pensó. La nueva casa le gustaba, ese no era el problema: el problema era por qué estaba allí. Llevaba rehabilitada medio año ya y la doctora Calleja no quería volver a verla en el hospital. Pero justo cuando la gente dejó de juzgarla, sus amigas dejaron de mirarla raro y el chico que le gustaba le pidió salir... Sus padres decidieron mudarse a Barcelona. ¡Ojalá lo hubieran hecho meses antes! ¡Incluso años!

Su novio, la había dejado dos días antes de que ella dejara Galicia: le pilló llenando el camión de las mudanzas. Ella no quería decírselo, aunque fue algo estúpido por su parte ya que de todas formas se iba a enterar. Habían tenido una larga y fuerte discusión y llegaron a la conclusión de que él era el típico chico que se iba a ir con otra enseguida y que ella era la típica chica que le oculta cosas a su chico para que no corte con ella. Ahí es cuando Anna perdió la batalla: él disfrazó la historia sin que ella pudiera dar su versión y ahora todos la toman por ogro. Hasta su mejor ex-mejor amiga la había llamado personalmente para decirle textualmente que "si le pides perdón ahora, tal vez la gente te de una segunda oportunidad...". No llevaba idea de hacerlo. Ella ya sabía lo que había estado haciendo a sus espaldas, pero lo quería, así que prefirió jugar su propio juego de mentiras y estar con él hasta "el final". Además, no necesitaba segundas oportunidades, y menos de gente que acababa de dejar atrás.

Recogió los restos de su móvil y los puso sobre la cama. Se sentó en frente de ellos e intentó recomponer el móvil sin mucho éxito. Mientras seguía intentándolo, recogió un mechón de pelo detrás de su oreja y se secó la lágrima que ya acechaba su labio superior. Como vio que no podía hacer nada, metió los restos en una caja y se fue al baño. Se miró al espejo y vio la fina línea negra que iba desde su ojo hasta su boca: se le había corrido el rimmel. Se lavó la cara y se maquilló de nuevo. Se peinó y fue a su habitación. "Necesito un móvil", pensó. Así que cogió su hucha, la abrió por el agujero de abajo y sacó trescientos euros: a ver si hay algo barato...

Fue a la tienda rápidamente y revisó todos los móviles que había. No había nada que le gustara así que volvió a su casa. Le explicó a su madre lo que había pasado (más o menos) con el móvil. Le contó que venía del baño con las manos mojadas, cogió el móvil y se le resbaló. Su madre se quedó pensativa. "Cariño, ¿cómo va a romperse tanto de una caída al suelo?", preguntó su madre. Anna pensó y le dijo, textual, "Ya, pero es que, he intentado cogerlo, y en vez de cogerlo, lo he estampado contra la pared". Su madre pareció creérselo, así que le dio su viejo iPhone 4S. Anna metió la tarjeta de memoria y pensó "tengo que romper móviles más a menudo...".

Borró todos los contactos. ¿Para qué quería el número de todas esas personas?
-Para nada.
El móvil estaba completamente vacío así que se hizo una foto con las vistas de su ventana. Se la puso de fondo y sintió que ahora ella reinaba en su vida (a parte de su padre, su madre, su hermana mayor...). Ya ningún adolescente confundido (o que simplemente quería llamar la atención) decidiría por ella. Ya no volvería a ir a los baños públicos en horarios de clase.

Cogió su portátil y puso un nuevo capítulo de su serie americana favorita More than love. En la serie, la protagonista, conoce a un chico maravilloso que la trata genial y que la entiende. Cosa que ello necesita ya que está pasando por un mal momento en su vida. Al principio solo parecen amigos, pero conforme pasan los capítulos se ve que hay cierta química y acaban saliendo juntos.

Anna suspiró, "¿por qué no a mi?", pensó. "Yo también he pasado por malos momentos y no he conocido a nadie así", "he conocido gente, pero a gente mala". Cuando acabó el capítulo, apagó el ordenador y se fue a duchar. Después, cenó y después se fue a dormir directamente. Ese día tenía que acabar. ¿Y qué mejor manera de acabarlo que durmiendo de una vez?

Continuará...

jueves, 24 de abril de 2014

3. Angela

-¿Mamá? Se está cortando. ¿Mamá?
-Que no, que no se corta.
-Te va a salir carísima la llamada.
-Eso me da igual, quiero "estar" contigo hasta que llegues a casa.
-No tendrías que quedarte en Los Ángeles si Meryl no...
-Esto no es culpa de Meryl.
La maleta de Angela se atascó en la puerta de salida del aeropuerto. Tiró de la maleta y se le cayó el móvil al suelo. Lo cogió de nuevo.
-¿Qué ha sido eso?
-Nada, se me ha caído el móvil. Mamá, tengo que colgar.
-Que no, que...
Click.
Colgó.

El coche la estaba esperando. Esperaba algo más glamuroso, la verdad. No era rica pero ya que su hermana ganaba una pasta, esperaba poder tener un coche que no fuera básicamente un taxi. Le enseñó al conductor el carnet que certificaba quién era y se sentó en el coche. Miró por la ventanilla parte del viaje y después revisó los mensajes en el móvil. Su madre quería saber por qué le había colgado. "Porque necesitaba la mano libre", contestó. Al rato, se encontraba enfrente del portal de su casa. Sacó la maleta del maletero del coche con ayuda del conductor y llamó al timbre. Su padre abrió la puerta y la abrazó.
-¿Qué tal el viaje?
-Genial. En el avión no tenía que hablar con mamá.
-Bueno, déjala. Sube a instalarte y luego nos vemos para la comida.
-Vale.

En su habitación y tumbada en la cama, de nuevo. Otro verano había pasado y estaba de vuelta en Barcelona. Ya no sabía dónde vivía. Cada fiestas, cada vacaciones, cogía un avión con destino Los Ángeles. Allí tenía a sus amigos, pero en España, tenía a María, su mejor amiga. Pensó en llamarla, pero como no le cogió el teléfono, decidió mandarle un WhatsApp para avisarla de que pasaría por su casa después de comer.

A las doce, bajó a comer. Tenía un desorden con las horas de comer...
Después de contarle todo (o casi) sobre las últimas semanas sin él en Los Ángeles (su padre se fue un mes y medio antes a Barcelona), se cambió de ropa y fue a ver a María. Bajó la calle que lleva hasta su casa y llamó al timbre. Esperó, miró sus Vans negras y volvió a llamar. No había nadie. Miró la conversación con María en el móvil y no vio ningún mensaje nuevo así que volvió a su casa.

Se miró al espejo y se peinó. Se maquilló y se echó unas gotas de su perfume favorito Amor, amor y encendió la radio. Odiaba la canción que estaba sonando, ¿iba a salir algo bien ese día? Entonces encendió su portátil y se metió al correo electrónico. "¿Y esto?", pensó al ver que había un correo de sus amigos de Los Ángeles.

Hi sweetie!

How are you? Abie, Caly and I have been at the beach! Weather here it's getting cold... I think cold's comming! Well, write us EVERYDAY, Ok? 

Kisses and hugs from LA ;)

EVELYNE♥

(¡Hola, sweetie!
¿Qué tal estás? ¡Abie, Caly y yo hemos estado en la playa! El tiempo aquí se está enfriando... ¡Creo que el frío está llegando! Bueno, escríbenos TODOS LOS DÍAS, ¿vale?
Besos y abrazos desde LA ;)
EVELYNE♥)

Le acababan de sacar una sonrisa. Sus amigas, contándole cualquier cosa (aunque fuera un simple día de playa), podían hacerle sonreír. Las quería mucho, mucho, mucho. Así que pensó en escribirles... en cuanto tuviera algo interesante que contar...

Como María no le respondió en toda la tarde, cogió "The Fault In Our Stars" (el libro que estaba leyendo) y se tumbó en la cama a leer.

Continuará...

sábado, 20 de julio de 2013

2. Cristina

Cristina Casas lleva toda la vida viviendo allí. Tiene 16 años y tiene una vida bastante normal. No tiene muchos amigos. Tan solo a Maia, su mejor amiga, Nuria, Blanca y Cristian.

Cristina era una chica morena de pelo largo y ondulado. Era delgada y guapa y sus ojos eran marrones claros. Tenían un color bastante peculiar porque cuando le daba el sol, sus ojos parecían dorados. Ella siempre había vivido allí, en Barcelona, por eso le encantaba ir a la playa. Era lo que más le gustaba, ir a la playa con Maia, Nuria, Blanca y Cristian.

Quedaba muy poco para que empezaran las clases de nuevo y ella solo podía pensar en pasarlo bien y disfrutar de lo poco que quedaba de verano. De hecho, eso estaba haciendo en ese preciso instante. Estaba en la playa, en la arena con Maia. Pensar que todo volvería a empezar en nada...
-Puff, bachillerato... - suspiró Maia.
-Puff, bullying...
-No digas eso. Tan solo fue el año pasado.
-Maia, el año pasado fue la peor época de mi vida. La gente puede llegar a ser muy cruel.
-Lo sé. Yo estuve ahí.
-No tendrías que haberte metido. Al final acabamos las dos igual...
-No, acabamos los cinco. Nuria, Blanca y Cristian no dudaron en ayudar.
-Ya pero...
-Tú habrías hecho lo mismo.
-Cierto. Pero se pasaron conmigo.
-Mira, vamos al agua con el resto que no creo que debamos hablar de esto ahora, ¿vale?
-Vale...

Tras un rato chapoteando, salieron del agua y se fueron a casa de Cristina. Las chicas se cambiaron de ropa y Cristian se quedó observando la habitación de Cristina.
-¿Todavía tienes ese póster? - preguntó cuando las chicas salieron del baño.
-Sí - respondió Cristina al mirar el póster -, ¿no lo ves?
Se rieron.

Al cabo de un rato, todos se fueron excepto Maia. Estuvieron recordando lo que había pasado el año anterior para convencerse de que no podía haber un año peor, de que era imposible.
-¿Tan fea soy? - le preguntó Cristina a Maia.
-No eres fea. ¡Ni de coña! Que digas yo, vale. ¿Pero tú? Cris eres preciosa.
-Gracias - dijo sonriendo un poco sonrojada - Tú no eres fea. Así que no lo repitas.
Se abrazaron y al final Maia se fue. Cristina escribió en su diario como cada día y pegó una nueva foto de un día de playa con sus amigos. "Mi vida no es tan mala", pensó. Abrazó su diario abierto por esa página y se tumbó en la cama. Se durmió.

Continuará...

martes, 9 de julio de 2013

1. Sarah

Sarah Black, 14 años. Viene de Oregón, de los Estados Unidos de América. Sabe español  a la perfección y por eso, está de camino a Barcelona. Hacia la costa brava. Al fin a llegado. La rubia de ojos azules está en su casa. No es superdotada, pero sabe tantas cosas como si lo fuera, lleva desde pequeña estudiando y por eso, en vez de empezar tercero de la ESO, va a empezar primero de bachiller.

Llega a su nueva casa, una casa enorme para ella sola. No tiene hermanos ni hermanas. Tan solo madre, padre, sirvientes y perfección. Lo malo es que siempre le han tenido manía por ir de perfecta, bueno, por serlo. Por serlo, de puertas hacia fuera, porque por dentro, se siente fatal. No tiene amigos, nunca le han pedido salir y ella sigue enamorada del mismo. Sigue enamorada de la persona a la que más quiere y ha querido después de su familia. La única persona que la defendió en más de una ocasión. Y ahora le había tenido que dejar atrás, en Oregón. A ese alguien que al saber su nombre, su corazón se aceleró:
Adrien Flint.

Sarah entró en su casa, tenía sirvientes que hablaban en inglés, los de toda la vida, y unos nuevos que hablaban español. Le encantó la idea. Se acomodó en su nueva habitación. Era blanca y encantadora. Todos los muebles eran blancos con detalles en colores claros, amarillo, azul cielo, rosa palo... Muy como ella. Sacó su móvil y miró el Whats App. Jamás le mandaban un mensaje. Era tan aburrido... Buscó una foto de Adrien y no pudo evitar sonreir. ¡Le encantaba! Era la primera vez que se enamoraba así. Otras veces, simplemente era un tilín que sonaba en su corazón. Pero esta vez era tan distinto... Fue al baño y se peinó, se miró al espejo. Se veía bastante guapa, no entendía por qué ser lista era malo. Tan malo como para hacer que nadie le quisiera, ni como amiga ni como novia. Abrió su armario y empezó a probarse ropa, se hacía fotos, eso le divertía pero después se deprimía porque no tenía a quién enseñárselas.

Abrió las cortinas y miró por la ventana. Hacía un día precioso para salir con los amigos. Pero, ¿con qué amigos? Miró a la gente jugando por la calle, otros hablaban y otros descansaban a la sombra... Todos eran felices. Sacó su cámara profesional de cuando hacía fotografía empezó a hacer fotos. ¿Por qué era tan genial la fotografía? Para ella era un modo de vida, aunque hiciera mucho que no cogía la cámara. Salió a la calle y fue al centro cultural. Le costó encontrarlo, pero llegó. Alli, vio exposiciones de fotografía. ¡Qué subidón! Salió corriendo y empezó a hacer fotos. Estaba segura de que conocería gente como ella a quienes les gusta la fotografía. Al acabarse sus ideas de fotos, fue al centro y le dijeron que eran bastante buenas. Además, le propusieron exponer su colección urbana que acababa de hacer si las traía reveladas. Se fue supercontenta a casa. Se lo contó todo a sus padres y les pareció bien, pero ante todo, que recordara que en unos días, comenzarían las clases...

Continuará...